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miércoles, 4 de mayo de 2011

Italo Nolli: Muerte ante las cámaras

Por Catalina Marilao
El caso de Italo Nolli, asesino a quemarropa de dos funcionarios de la Policía de Investigaciones (PDI), y su posterior persecución y ajusticiamiento remeció a la ciudad en todas las formas posibles y, por supuesto, el registro fotográfico no podía estar ausente.
Si bien el tratamiento de los medios de comunicación, al menos en términos visuales, podría calificarse de “sutil”, esto sólo se debe al enfoque hollywoodense que se le otorgó al tema.
La televisión y la prensa escrita prefirieron ponerse en los zapatos de la PDI, observar desde ahí la persecución, con la adrenalina de los “héroes”, e ilustrar su vengativa – pero “justa”- misión. Por lo mismo, la mayoría optó por fotografiar la balacera, por destacar el trabajo de las fuerzas policiales y por exponer la gran cantidad evidencias que inculparon al llamado “Rambo viejo”.
Quizás en Las Últimas Noticias se arriesgaron un poco más, al colocar la última silueta de Nolli, dentro del auto baleado. Pero aún así no hay mucho que comentar. La foto es borrosa, granulada, con ruido. Los tonos azules oscuros se conjugan lo suficiente para sugerir, pero sin ser demasiado crudos (después de todo, es la ilustración de un cadáver). Los dos agujeros de bala que quiebran el vidrio terminan de contar la historia.
Desde la vereda opuesta, una advertencia precede otra publicación: “La imagen que ilustra esta noticia puede resultar perturbadora para algunos lectores”. Supuestamente, el punto es demostrar una de las etapas más importantes de la investigación.
Se trata de la experiencia de Alejandro Olivares, editor fotográfico del semanario The Clinic.
Según su relato en la web, Olivares, se dirigió al lugar para intentar obtener alguna imagen. Sin acceso a mejores ángulos terminó encaramado a uno de los techos aledaños. Ahí, una casualidad llevó a otra.
En términos gráficos también remite más información: una fotografía cruda, limpia, sin ángulos extravagantes, sólo los adoquines de la calle aportan expresividad a esta muestra casi forense. La descuerada visión de un cuerpo muerto, baleado, cubierto de sangre y siendo examinado por los peritos de la policía.
Olivares dice: “En este caso nunca pensé que iba a conseguir algo así hasta que estuve colgando de ese techo, pero en ese momento pensaba solamente en la foto: no veía un cuerpo, veía colores, imágenes, rombos, círculos rojos, luces. Todo es muy rápido. Luego es cuando te das cuenta que es súper fuerte, que es la última imagen del tipo que baleó y mató a dos detectives y te resulta chocante…”
En cualquier otro medio la foto hubiese sido censurada a primera vista –quién publicaría algo así - sin embargo, The Clinic golpeó en Internet (previamente borrando la cara y la entrepierna del cadáver) y tiró la foto en el lugar de menor visibilidad dentro del articulo
La versión sin pixcelar también se encuentra en ciberespacio