miércoles, 4 de mayo de 2011

Stanley B.Burns: "Ahora la medicina extiende las enfermedades y morimos demacrados, una sombra de lo fuimos, un rostro que nadie quiere recordar"



Stanley B. Burns es un  oftalmólogo de Nueva York, reconocido no sólo por su profesión sino también por ser el dueño del Burns archive: miles de daguerrotipos y fotografías en su mayoría de enfermos y muertos.
Ha escrito más de 34 libros sobre fotografía histórica. Uno de los más llamativos es “Sleeping beauty” y según su autor, ha sido robado de la mayoría de las bibliotecas.
De una entrevista publicada por la revista Vice extraemos algunas preguntas a continuación:


-¿Nunca le ha parecido extraña la fascinación de la gente por las imágenes de muertes y crímenes?
Bueno, es fascinación por el terror. Muchas veces estás imágenes representan tus propias pesadillas. Uno no desea que le atropelle un coche, ni que le asesinen, o contraer la peste bubónica. Las fotografías permiten contemplar tus miedos sin tener que padecerlos. Además, estas fotos tienen lo que podríamos llamar una “red de seguridad”, y es el tiempo que ha transcurrido desde que se tomaron.



- En su casa debe haber fotos por todas partes…

Oh, sí. En casa tengo 1045 fotos colgadas en las paredes. Bueno, en realidad no es tanto mi casa como un museo. Las fotos la han invadido. Tengo 90 habitaciones llenas de fotos. Son en total más de un millón. Las más valiosas están en tres cajas acorazadas en un banco. Son los antiguos daguerrotipos, imágenes prácticamente inencontrables.


- ¿Está desensibilizado ante estas imágenes, o hay algunas que aún le resulten duras a la vista?
Bueno, no me gustan las de asesinatos de niños. Me resulta duro mirar casi cualquiera de esas. Yo no puedo entender los crímenes contra los niños. Y los animales, que son seres indefensos. Una de las formas de calibrar la personalidad humana es comprobando cómo tratan a los animales. Los que maltratan y matan a los animales, es a esos a los que conviene vigilar.


- ¿Cómo ha construído su colección?
Me di cuenta de que estaba en un tiempo y lugar propicios para adquirir una enorme cantidad de estas fotos. Estaban disponibles y su precio no era alto para el valor que tenían. Me refiero a que estaba atesorando obras maestras. Un escritor dijo que lo que yo hacía no era muy distinto a lo de algún coleccionista del siglo pasado que decidiera comprar pinturas impresionistas. Bueno, si puedes permitírtelo, ¿por qué no? Me gasté todo el dinero que tenía en adquirir un millón de fotos que no están en los museos. No son fotos artísticas, no aparecen músicos ni deportistas. Ese tipo de imágenes puedes encontrarlas en cualquier sitio. Mi trabajo me costeó el hobby hasta que el hobby se convirtió en mi trabajo.


- ¿Cuál es la clave de su colección?
Quiero imágenes de cosas de las que la gente ha oído hablar pero nunca ha visto. Tengo fotos de personas embreadas y emplumadas. Seguro que has oído hablar de esa práctica, pero, ¿la has visto alguna vez?


- No. 
No, no lo has hecho, y eso es lo que quiero en mis fotos. Conozco las cosas que pasan en todas partes, y sé por tanto lo inhabituales que son mis fotos. 

Cuatro mil de las fotografías que conserva en su casa de Manhattan son de difuntos, una práctica conocida como fotografía post mortem, tradición que nació en la segunda mitad del siglo XIX entre la burguesía neoyorkina, la selva mexicana y las casas victorianas de Londres.

El primer ejemplar de la colección de Burns lo encontró a principios de los años 70, reuniendo fotos médicas. En ella una madre sostenía a un bebe fallecido por sarampión. “Tenía un aura, una poética…, se notaba que era un recuerdo; nunca había visto nada parecido”, declaró en una  entrevista del 2009 a El País Semanal.


Los memento mori datan desde la antigüedad convirtiéndose en una tradición que muere no sólo por la disminución de la mortalidad, especialmente infantil, sino porque también se abarató la fotografía y la gente dejó de esperar los funerales para pagarlas.

Según Burns, estas fotografías llegaron a ser más comunes que las de matrimonios o vacaciones. Además, el significado de la muerte cambió junto con el cambio de siglo. Burns cree que tanta gente de luto no era una buena propaganda, e incluso en Inglaterra se prohibió el duelo. La muerte pasó de la esfera pública a la vida privada, convirtiéndose en el tabú del siglo XX.

“Entonces la gente moría de un día para otro. Ahora la medicina extiende las enfermedades y morimos demacrados, una sombra de lo fuimos, un rostro que nadie quiere recordar”.
Desde el 2005, la ONG estadounidense “Now I lay me down to sleep” (Ahora me echo a dormir) revivió esta práctica como un tratamiento psicológico para ayudar a los padres a superar pérdidas perinatales, no natos o de recién nacidos, con sesiones gratuitas donde los padres posan con sus bebés recién muertos. Según el mismo Burns, el coleccionismo está muy extendido en gran parte por su culpa.

La muerte en distintos formatos

Por Constanza Gómez
Tópico fundamental en la representación artística de cualquier índole, la muerte yace perpetua en la tradición del hombre como el fundamento de la vida. ¿Para que vivimos si no es para morir?. Y por más interrogantes que nos hagamos para argumentar nuestras acciones y propósitos, la muerte es lo que es, un cúmulo de representaciones simbólicas culturalmente diseñadas para facilitar la comunicación humana. La representación social de la muerte se construye a partir de categorías según un contexto social e histórico, por lo que su condición de ‘’concepto abstracto’’ parece subordinarse en las manifestaciones arquetípicas. Ciertos objetos y acciones se ven vinculados a veces sin querer serlo al concepto, así como también, su mera presencia a veces redunda en lo obvio. Probablemente sea porque el concepto en sí sólo existe en su implicancia, de manera que su representación artística dependerá de su connotación colectiva.

FOTOESPACIO

Primera antología de fotografía joven

Fotoespacio es un sitio web dedicado al fomento y promoción de la fotografía en Chile. Su portafolio ofrece obras de fotógrafos tradicionales, contemporáneos y emergentes, además de información y noticias sobre fotografía. Desde el año pasado, el sitio convoca a artistas emergentes a subir sus portafolios en la web, en la Primera antología de fotografía joven entre

los que la nostalgia, el turismo y el dato freak, superan al tema de la muerte. ¿Será que su trascendencia raya en lo cotidiano?. Pero Zaida González fotografía a la muerte y le pinta corazones.

La exhibición Recuérdame al morir con mi último latido es la representación sarcástica de la simbología con que se comprendía la muerte hace dos siglos atrás. González representa la muerte a través de la acción dramática en un set casi vacío, para recrear las imágenes que caracterizaron la fotografía post mortem del siglo XIX. Para ese entonces, el fallecimiento de los niños era considerado una bendición (le llamaban los angelitos) por lo que tomar fotos a los cadáveres era considerado parte del rito de la muerte.

En estas fotografías, el uso indiscriminado del color negro y la palidez enfermiza de los rostros son asediados por una serie de colores y tonalidades fuertes. Hombres y mujeres cargan bebes deformes fallecidos, invertebrados, como si por cada minuto que avanzara perecen en las manos de quiénes los cargan. La imagen en sí de los que mueren no perdura, el rostro ingenuo, enigmático, desinteresado y suspicaz de los padres es lo que llama la atención.

El discurso anti religioso es un recurso para apoyar la critica moral de la autora. La muerte es el fin de la religión. Según la iglesia católica, cuando una criatura fallece abandona esta vida, por lo que pierde su condición moral, humana, ser conocedor del bien y el mal, por lo que el perecer, más allá del recuerdo y la memoria, simboliza lo que no es humano.

¿Por qué y en qué condiciones muere un niño? es el discurso que la fotógrafa antepone a la tradición que evita estas interrogantes. Temas como el aborto y el maltrato
físico pueden vincularse a las imágenes, así como también el juicio ante la condición civil de la madre (casada o soltera) y su inclinación social (no es explícito pero también podía relacionarse).
Este trabajo se exhibe por estos días en el Museo de arte contemporáneo (MAC) en la muestra Antología de jóvenes fotógrafos.

En el mismo sitio, Francisco Cannobbio expone la muestra Causas pendientes, el cual a diferencia del trabajo de Zaira González, su mensaje es menos explícito.
‘’Desperté oscuro y sereno a la mañana siguiente de mi proclamada muerte’’ dice el autor, para justificar la subjetividad de las imágenes. Todas las fotografías están alteradas lo que les confiere un aspecto de deterioro y decadencia. El uso de la sangre no refiere a la tragedia física, sino a una mental: el hombre de las fotos ha muerto por dentro.

Las fotografías de Cannobbio hablan en primera persona. El uso de frases apelativas da cuenta de un pasado, del cual el autor está distanciado. El cuerpo desnudo remite al origen, el lugar de inicio del hombre donde se encuentra indefenso.
El cuerpo posa diversas maneras y ángulos, lo que además de ser un recurso estético, puede ser comprendida como parte de la vulnerabilidad que quiere expresar el autor. La muerte renueva el significado de las palabras, lo que existe en la vida no existe en la muerte.El uso de colores como el rojo y el café le confieren a las imágenes opacidad en los fondos. El luminosidad y pulcritud del cuerpo desnudo contrastan con la aparente suciedad de las texturas de la fotos, siendo este el objeto central y el determinante de la simetría en cada imagen.

http://www.fotoespacio.cl/portal/index.php?option=com_content&view=article&id=479:zaida-gonzalez&catid=54:galerias-de-imagenes&Itemid=94 - http://www.fotoespacio.cl/portal/index.php?option=com_content&view=article&id=305%3Afrancisco-cannobbio&catid=54%3Agalerias-de-imagenes&Itemid=1


MAC

Naturaleza muerta

Marcela Correa

En esta exposición la muerte es comprendida como el deterioro físico de los objetos. El paso del tiempo es representado por el desgaste y olvido de las cosas, por el percudido de los colores y la deformación de los contornos. Las fotografías están tomadas con caja de luces.

El curso de la naturaleza no está al alcance de la manipulación humana. Cada proceso tiene un objetivo y a pesar de su adulteración, el destino siempre es el mismo. Los bosques han sido quemados, el pueblo parece estar abandonado. Las transformaciones aumentan la distancia entre las nuevas acciones y el origen. Un cambio tras otro nos sitúa aún más lejos de lo que alguna vez fuimos, llegando al punto en que sólo nos queda perecer, seguir el camino de las transformaciones.

Según la autora, el deterioro de la naturaleza es nuestro deterioro, del cual solo podemos ver una parte muy pequeña (debido a los primeros planos de las imágenes). La quema de bosques es un hecho mundial, de manera que la metáfora se extiende como la interpretación colectiva de la vida misma. La luz en las fotografías es parte del doble discurso. El lugar perece pero puede detenerse por unos instantes y hacer como que sobrevive. El curso de los procesos puede indefinirse en algún momento, la muerte puede ser confundida con la vida por un instante, sin embargo el proceso degenerativo está en curso.

http://www.mac.uchile.cl/exposiciones/arteespanol/magdalencorrea/catalogomagdalena.htm

WELLCOM COLLECTION

Life before death

Walter Schels

La fotografía del alemán Walter Schels

incursiona principalmente en el retrato. Su rostro, el de una cabra, un bebé o un anciano muerto son fotografiados en blanco y negro en un primerísimo plano. En Life before death, utiliza la misma técnica de construcción visual pero donde quienes son fotografiados también simulan su muerte en las fotografías.

En vida sabemos cómo lucimos si nos miramos frente a un espejo o nos hacemos una idea de lo que dicen los demás; muertos jamás lo sabremos.
La técnica utilizada es el contraste, siendo la gestualidad el único recurso en estas fotografías ya que la luz y el color no permiten distinción alguna. Cada imagen por sí sola es una vida, una enorme historia que gracias a la particularidad del retrato, podemos especular con tan solo identificar los rasgos de cada rostro.

Las personas fotografiadas superan los 50 años. Culturalmente, en el presente, la vejez es asociada a la muerte antes que a la sabiduría. La disputa entre la vida y esta es vista como una instancia de mucho temor, donde se asume que quienes están en el límite, no quieren morir. La muerte, vista con miedo, es la ausencia de corporalidad; comprendida como algo positivo, es curiosidad. ''La muerte no es eterna; realmente me encantó la vida, no tengo miedo de lo que viene; ahora veo todo desde una perspectiva diferente…de repente todo importa’’ (frases extraídas de las fotografías).

Life before death es una pequeña radiografía social de corte subjetivo. El mensaje parece ser explícito, pero difícilmente retroalimentativo cuando el contenido no depende de una acción concreta. La expresión de un rostro dice más palabras de las que puede pronunciar. La muerte, al igual que la vida, se vuelve difícil de delimitar cuando su ambigüedad parece infinita.

http://www.wellcomecollection.org/whats-on/exhibitions/life-before-death/portraits.aspx?view=michael-lauermann


Italo Nolli: Muerte ante las cámaras

Por Catalina Marilao
El caso de Italo Nolli, asesino a quemarropa de dos funcionarios de la Policía de Investigaciones (PDI), y su posterior persecución y ajusticiamiento remeció a la ciudad en todas las formas posibles y, por supuesto, el registro fotográfico no podía estar ausente.
Si bien el tratamiento de los medios de comunicación, al menos en términos visuales, podría calificarse de “sutil”, esto sólo se debe al enfoque hollywoodense que se le otorgó al tema.
La televisión y la prensa escrita prefirieron ponerse en los zapatos de la PDI, observar desde ahí la persecución, con la adrenalina de los “héroes”, e ilustrar su vengativa – pero “justa”- misión. Por lo mismo, la mayoría optó por fotografiar la balacera, por destacar el trabajo de las fuerzas policiales y por exponer la gran cantidad evidencias que inculparon al llamado “Rambo viejo”.
Quizás en Las Últimas Noticias se arriesgaron un poco más, al colocar la última silueta de Nolli, dentro del auto baleado. Pero aún así no hay mucho que comentar. La foto es borrosa, granulada, con ruido. Los tonos azules oscuros se conjugan lo suficiente para sugerir, pero sin ser demasiado crudos (después de todo, es la ilustración de un cadáver). Los dos agujeros de bala que quiebran el vidrio terminan de contar la historia.
Desde la vereda opuesta, una advertencia precede otra publicación: “La imagen que ilustra esta noticia puede resultar perturbadora para algunos lectores”. Supuestamente, el punto es demostrar una de las etapas más importantes de la investigación.
Se trata de la experiencia de Alejandro Olivares, editor fotográfico del semanario The Clinic.
Según su relato en la web, Olivares, se dirigió al lugar para intentar obtener alguna imagen. Sin acceso a mejores ángulos terminó encaramado a uno de los techos aledaños. Ahí, una casualidad llevó a otra.
En términos gráficos también remite más información: una fotografía cruda, limpia, sin ángulos extravagantes, sólo los adoquines de la calle aportan expresividad a esta muestra casi forense. La descuerada visión de un cuerpo muerto, baleado, cubierto de sangre y siendo examinado por los peritos de la policía.
Olivares dice: “En este caso nunca pensé que iba a conseguir algo así hasta que estuve colgando de ese techo, pero en ese momento pensaba solamente en la foto: no veía un cuerpo, veía colores, imágenes, rombos, círculos rojos, luces. Todo es muy rápido. Luego es cuando te das cuenta que es súper fuerte, que es la última imagen del tipo que baleó y mató a dos detectives y te resulta chocante…”
En cualquier otro medio la foto hubiese sido censurada a primera vista –quién publicaría algo así - sin embargo, The Clinic golpeó en Internet (previamente borrando la cara y la entrepierna del cadáver) y tiró la foto en el lugar de menor visibilidad dentro del articulo
La versión sin pixcelar también se encuentra en ciberespacio

Roberto Candia: "La fotografía es el testimonio de nuestra presencia"

Por Carlos Said C. y Javier Sáez L.



La muerte en la fotografía siempre ha sido un tema de discusión. Así lo cree Roberto Candia (40), reconocido corresponsal de The Associated Press, que debió cubrir el terremoto del 27 de febrero de 2010. “El tratamiento de esta siempre dependerá de la cercanía que tenga el fotógrafo con la tragedia que está cubriendo”, señala el fotoperiodista, autor de la conocida imagen de ‘El hombre de la bandera’. “Un fotógrafo que trabaja la muerte en su propio territorio, siempre será más compasivo”, indica.
¿Se trata de morbosidad?, ¿Hasta dónde puede llegar un fotógrafo?, ¿Cuál es la ideología que se esconde tras la imagen de un cadáver? Estas interrogantes y más, son contestadas por Roberto Candia.

Usted fue uno de los fotógrafos que debió cubrir la tragedia del terremoto del 27 de febrero. ¿Dónde cabe la muerte dentro de la fotografía? ¿Cuál tiene que ser su tratamiento?
La muerte siempre ha sido un tema de discusión. No es fácil de llevar, ni para los editorialistas ni para los fotógrafos. La visión sobre la fotografía también ha ido cambiando, habría que hacer un repaso a la figura del antiguo fotógrafo del pueblo, que estaba incluido en los bautizos, casamientos y celebraciones, pero también en la muerte de las personas. Los niños, cuando morían, eran retratados vestidos de angelitos, sentados o incluso en brazos de sus madres. Ese proceso era normal y se hacía para testimoniar que allí había una persona. El registro fotográfico era el mejor medio que había antiguamente para constatar la existencia de una persona. Después eso se fue dejando, por considerársele truculento.
Volviendo a la actualidad, y colocándonos en la tragedia del terremoto en Chile, la fotografía de la muerte es parte de este proceso. No podríamos entender una tragedia de tal envergadura sin tratar la muerte de alguna forma. Quizás no tiene que ser explícita, pero sí tiene que estar expresada de alguna manera, porque es inevitable. De lo contrario sería una cobertura sesgada.
Y según su caso personal, ¿Cómo se enfrentó a la tragedia? ¿Cómo sabía cuáles eran los límites hasta donde debía llegar?
Me tocó ver mucha gente muerta. Horas después del terremoto salí a la calle a tomar fotografías, estaba en Talca, y en una esquina habían 5 personas fallecidas. Para mí fue muy difícil, porque no iba preparado, pero en algún momento entendí que tenía que registrarlo. Hice una foto, tomada con luz de las linternas de los vecinos que salieron esa madrugada, donde se sugiere que hay gente muerta, no es tan explícito. Al día siguiente fui a Curanipe y vi otras 7 personas fallecidas. En algunos casos se tomaron fotos y en otros no, dependiendo de la crudeza.
En la posterior edición también hay un momento donde había que excluir algunas tomas. Es el propio fotógrafo quien decide cuáles son los límites, estos son siempre personales. Obviamente también está el límite editorial, pero primero es el fotógrafo quien debe decidir si tomar la fotografía y luego debe ver si la envía al medio para el que trabaja.
¿Qué pasa con la muerte dentro de los medios? ¿De qué depende que aparezcan imágenes de gente muerta?
En los medios se vieron pocas imágenes de gente fallecida y uno de los factores que incidió en eso fue precisamente que estos hechos fueron vistos por fotógrafos chilenos. Quiero hacer un paralelo con lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001, en Nueva York. Los medios norteamericanos no mostraron imágenes crudas de cadáveres, a pesar de que existen y se pueden encontrar. Esto tiene que ver con que la cobertura fue hecha por medios norteamericanos, en suelo norteamericano y por ojos norteamericanos. Es una apelación interna a lo que son los sentimientos personales que puede evocar esa situación en la gente que allí vive.
En Chile pasó exactamente lo mismo: no vimos imágenes de muertos en los medios, como sí se vieron para el terremoto de Haití, de una manera muy grotesca y burda. El chileno estaba preparado para ver muertos en los desastres y las guerras en otros países, pero no estaba preparado para ver a morir a sus propios compatriotas. Ahora en Japón pasó lo mismo, pero se debe a temas culturales, ellos no muestran la muerte, porque es muy sagrada. Las pocas imágenes de cadáveres de ese terremoto, fueron tomadas por extranjeros. Todo depende de la cercanía. Un fotógrafo que cubra una tragedia en su tierra siempre será más compasivo.
¿Es el factor socioeconómico de las personas un factor importante al momento de darle un tratamiento a la muerte?
Absolutamente. En el atentado a las Torres Gemelas también había un tratamiento social, elitista y racista. Sin duda los medios usan estas imágenes tomando en consideración el nivel socioeconómico de las personas. El terremoto de Haití es un buen ejemplo. No tiene que ver con la cantidad de muertos, tiene que ver con el estatus que los medios se permiten darles a las personas. Nuestros mismos medios mostraban cuerpos mutilados en Afganistán, en Irak, pero no en Estados Unidos. Hay una línea editorial que no es igual para todos y que opera según el estatus social de las personas.
Muchísima gente está hoy pidiendo ver imágenes del cadáver de Osama Bin Laden. ¿Es para confirmar su muerte o se trata de un simple morbo?
Siempre existe el morbo, pero también están los familiares de las personas que perdieron la vida en los atentados o que dieron la vida en la guerra y que sin duda les gustaría tener la imagen de una persona –Osama Bin Laden- que les ha provocado mucho daño y dolor, como una forma de tener certeza de que su dolor está siendo ajusticiado o algo así. Por otra parte está el punto de vista sociológico y que tiene que ver con la realidad: hasta dónde podemos asumir la muerte de una persona tan emblemática y mediática sin antes haber visto la imagen de su muerte.
En 1967, en la selva boliviana, la CIA atrapó al mítico Ernesto “Che” Guevara. Lo tuvieron en un colegio hasta que llegó la orden de ejecutarlo. Luego hicieron desaparecer el cadáver, igual que con Bin Laden. No existía en ese entonces el examen de ADN, por lo que había que tomar las huellas dactilares para dar testimonio de la muerte del “Che”. Por eso, pidieron que viajaran dos antropólogos desde Buenos Aires para que constataran la evidencia, pero cuando llegaron a Bolivia no encontraron el cuerpo, sino que un par de manos. En este caso, sí se usó la fotografía para dar testimonio de la muerte, no como morbo, sino para evitar que se transformara en un personaje mítico. De todas maneras, luego se transformó en un mito, pero la imagen de su cadáver buscaba lo contrario. La misma discusión se debe estar teniendo ahora en la Casa Blanca, mostrar o no la imagen del cuerpo de Bin Laden, cuidando de que no quede inmortalizado en la conciencia de la gente que aún no cree que esté muerto.
Con Sadam Husein ocurrió lo mismo, hubo un video grabado con un celular, que supuestamente después se filtró. Yo no creo que se haya filtrado sin querer, creo que los propios organismos de inteligencia la filtraron para dejar absoluto testimonio de la muerte de Sadam Husein.
Ideológicamente, ¿Qué es la fotografía? ¿Es la inmortalización de un momento o la muerte de este, entendiendo que nunca más volverá a suceder igual?
A mi parecer todo va a depender de los hechos a los que estamos haciendo alusión. Para mí, la fotografía en sí es la constatación de un momento, y no necesariamente de una realidad. Eso lo he aprendido con el tiempo. Lo que vemos a través de la fotografía es la evidencia de un momento, pero no significa que luego de ese momento la realidad es otra, por lo tanto no podemos apelar a que la fotografía sea un documento de veracidad. Siempre se cae en ese error. Hay muchos que creen que la fotografía tiene naturaleza de realidad, por lo que cualquier cosa que se vea, es real. Y no hablo de tecnologías que modifiquen el contenido de una toma, sino que de la subjetividad que tiene en ella, por esencia.
En el año 1948, el padre del fotoperiodismo William Eugene Smith tenía grandes discusiones con los editores de las revistas para las que trabajaba, como la Life. Ellos le solicitaban a él que fuera objetivo en sus fotografías, y Smith se reía y le decía ‘¿pero de qué objetividad me hablan?’. Si yo tomo una imagen con un lente de 28 milímetros y luego sin moverme ni un centímetro lo cambio por otro de 90 milímetros, ya estoy recortando una porción de la realidad o de ese encuadre, por ende ya soy subjetivo. La fotografía es también una opinión, no es una representación de la realidad.
¿Alguien muerto puede vivir a través de una fotografía?
Hay una reflexión muy bonita que está en el libro ‘Nunca supe sus nombres’, del chileno Marcelo Montecino, y que tiene que ver con los procesos políticos latinoamericanos. En su prólogo escribía una persona que relataba la historia más triste de su vida. Y cuenta que cuando tenía 7 o 9 años de edad, murió su hermano menor. Y él recordaba que sus padres habían retratado a su hijo menor, al poco tiempo de haber nacido, y esas placas fotográficas no habían sido reveladas, pero estaban guardadas en lo alto de un ropero. Un día, el chico trepó al ropero, sacó las placas y las veló accidentalmente, sin haber sido procesadas. Y cuando supo que esas eran las fotografías de su hermano muerto, sintió que naufragaba en un profundo mar sin orillas, porque había constatado que recién en ese momento, su hermano había muerto.
Para mí, eso es la fotografía. En lo que tiene que ver con la vida, es un testimonio absoluto de nuestra presencia y nuestro paso en el mundo, y el relato que se describe en el prólogo de este libro es bastante fino al describir lo que es la fotografía en sí. 

Inmortal mortalidad



Por Iván Cea

Hace un par de días en televisión (el 2 de mayo de

2011) se informaba en los noticiarios de todo el mundo sobre la muerte de uno de los terroristas más buscados por EEUU, el creador de la red Al Qaeda, Osama Bin Laden. Pasaron solo minutos de que el acontecimiento

fuese anunciado por el canal de noticias CNN,

para que en las redes sociales de internet los usuarios comenzaran a exigir fotos que verificaran el fallecimiento.

Este tema llamó bastante la atención dentro de los medios de comunicación. De inmediato se estableció el debate de cuán “ético” era solicitar estas fotografías, si es que esto se encontraba dentro de lo moralmente correcto, o si es que solo se trata

del morbo de las personas. Asunto no menor en una sociedad que se ha criado

con la frase “una imagen vale más que mil palabras”.

Si miramos hacia atrás podemos descubrir que la muerte siempre ha sido un tópico potente en la historia de la fotografía y las imágenes, no solo en lo que respecta a dar información como lo podrían ser las fotos de Bin Laden, sino también a nivel estético, tema que se desarrolló bastante a finales del siglo XIX. En plena época moderna, las

connotaciones de las fotografías de fallecidos distaban mucho de lo que son hoy.

Los inicios del post-mortem

Cuando el daguerrotipo, una máquina de captura de imágenes del siglo XIX que permitía sacar fotos a menor tiempo de exposición que sus predecesoras, comenzó a popularizarse entre las masas, se comienzan a ver las primeras imágenes que retraban personas muertas. Eso sí, estas tenían una cualidad: eran niños que habían fenecido a una muy corta edad o a los pocos días de nacidos, y se les retrataba como si estuvieran vivos.

Fue así como comenzó

a gestarse la fotografía post-mortem, un género donde el autor comenzó a intervenir la estética del espacio retratado de manera tal de que no parezca que el niño haya muerto. Esto debido a que los familiares de las víctimas necesitaban tener un “testamento” de que su hijo alguna vez había estado vivo, y que había sido parte de la familia.

Estas imágenes tuvieron una considerable demanda durante la época moderna, tanto así que los fotógrafos empezaron a ofrecer sus servicios como retratistas post-mortem en los periódicos. El alto índice de mortalidad infantil de la época fue un factor clave para la expansión del género.

Este tipo de fotografía también tuvo lugar en América Latina donde Juan de Dios Machain fue uno de los autores más destacados. Se conocen más de cien imágenes de su autoría, y se caracterizaba principalmente por vestir de “angelitos” a los niños que fotografiaba.

Los fotógrafos de post-mortem, se centraron primordealmente en los retratos donde ambientaban de tal manera, que se sacara por conclusión que quien se encuentra en la foto está durmiendo. Más tarde se incursionaría en mostrar a los niños con los ojos abiertos, fotografiar adultos, o simplemente mostrar a la persona recostada en su ataúd sin tratar de esconder nada. También cabe destacar que a principios del siglo XX – entre los años 20 y 30) las imágenes comenzaron a mostrar otros ángulos, mostrando también a los familiares afectados mirando el cuerpo, o en procesión a enterrarlo.

Con la llegada de las cámaras modernas en los 50 la demanda por fotografía Post-Mortem se hizo cada vez menor, llegando a considerarla como “morbosa”. Las personas ahora tienen mayor facilidad de tomar imágenes por sí mismas y prefieren fotografiar a sus cercanos vivos, que muertos.

Fama inmortal

A pesar de que el género es mal mirado, después de los años 50 y hasta nuestros días, se sigue utilizando. La diferencia es que las imágenes dejarán de tener un interés privado -una familia que quiere el recuerdo de su hijo-, y pasarán a ser más masivas.

Actualmente la fotografía post-mortem está casi exclusivamente reservada para los personajes que han alcanzado un nivel de “héroe” o “villano” entre las masas. Así ha ocurrido con imágenes sacadas en el mismo féretro como las de Eva Perón, Francisco Franco, el papa Juan Pablo II, Augusto Pinochet, que identifican que la persona falleció por procesos naturales.

Pero cuando la foto muestra una muerte que no ha sido por enfermedad o por vivir lo suficiente, se tiende a censurar, advirtiendo que puede dañar la sensibilidad del espectador. Ejemplos son la autopsia de John F. Kennedy, la foto del Che Guevara asesinado por la CIA, el disparo a la cabeza de Salvador Allende, entre otras. Fotografías que salieron a la luz pública pero que se evitan mostrar.

En este caso la fotografía forense queda a un lado, debido a que pertenece a un proceso de investigación que no es público.


Imagen en pedazos

En un plano que va más allá de informar el fallecimiento de un personaje “importante”, se encuentran los fotógrafos que actualmente han hecho de la muerte una estética y una forma de hacer arte que les ha permitido abrir controvertidas exposiciones.

Un ejemplo de esto es Andrés Serrano, fotógrafo estadounidense que su portafolio contiene fotos de cadáveres o de gente quemádose. En 1992 realizó su exposición Morgue donde fotografía partes del cuerpo descompuestas.

Por otra parte se encuentra Alejandro Metinides que desde su trabajo en el diario sensacionalista La Prensa de México, ha capturado impactantes escenas de accidentes en su país. Esto lo ha hecho conocido a nivel mundial y considerado como un artista, debido a

la composición y expresividad en sus fotos.

El cliente siempre tiene la razón

Después de este recorrido por la relación de la fotografía y la muerte, se pue

de lograr tener una

idea del por qué las personas piden las fotos del ex líder talibán, y es porque siempre se ha convivido con ello. Sensacionalismo y morbo hay en la expectación a que salgan, pero que el gobierno estadounidense haya dicho “no saber si publicarlas o no” ya declara de que existen, y por ende la expectación termina siendo mayor.

Probablemente la historia termine con una supuesta “filtración” de las fotos como pasó en su tiempo con el video de la ejecución de Saddam Hussein.