Stanley B. Burns es un oftalmólogo de Nueva York, reconocido no sólo por su profesión sino también por ser el dueño del Burns archive: miles de daguerrotipos y fotografías en su mayoría de enfermos y muertos.
Ha escrito más de 34 libros sobre fotografía histórica. Uno de los más llamativos es “Sleeping beauty” y según su autor, ha sido robado de la mayoría de las bibliotecas.
De una entrevista publicada por la revista Vice extraemos algunas preguntas a continuación:
Bueno, es fascinación por el terror. Muchas veces estás imágenes representan tus propias pesadillas. Uno no desea que le atropelle un coche, ni que le asesinen, o contraer la peste bubónica. Las fotografías permiten contemplar tus miedos sin tener que padecerlos. Además, estas fotos tienen lo que podríamos llamar una “red de seguridad”, y es el tiempo que ha transcurrido desde que se tomaron.
- En su casa debe haber fotos por todas partes…
Oh, sí. En casa tengo 1045 fotos colgadas en las paredes. Bueno, en realidad no es tanto mi casa como un museo. Las fotos la han invadido. Tengo 90 habitaciones llenas de fotos. Son en total más de un millón. Las más valiosas están en tres cajas acorazadas en un banco. Son los antiguos daguerrotipos, imágenes prácticamente inencontrables.
- ¿Está desensibilizado ante estas imágenes, o hay algunas que aún le resulten duras a la vista?
Bueno, no me gustan las de asesinatos de niños. Me resulta duro mirar casi cualquiera de esas. Yo no puedo entender los crímenes contra los niños. Y los animales, que son seres indefensos. Una de las formas de calibrar la personalidad humana es comprobando cómo tratan a los animales. Los que maltratan y matan a los animales, es a esos a los que conviene vigilar.
Bueno, no me gustan las de asesinatos de niños. Me resulta duro mirar casi cualquiera de esas. Yo no puedo entender los crímenes contra los niños. Y los animales, que son seres indefensos. Una de las formas de calibrar la personalidad humana es comprobando cómo tratan a los animales. Los que maltratan y matan a los animales, es a esos a los que conviene vigilar.
- ¿Cómo ha construído su colección?
Me di cuenta de que estaba en un tiempo y lugar propicios para adquirir una enorme cantidad de estas fotos. Estaban disponibles y su precio no era alto para el valor que tenían. Me refiero a que estaba atesorando obras maestras. Un escritor dijo que lo que yo hacía no era muy distinto a lo de algún coleccionista del siglo pasado que decidiera comprar pinturas impresionistas. Bueno, si puedes permitírtelo, ¿por qué no? Me gasté todo el dinero que tenía en adquirir un millón de fotos que no están en los museos. No son fotos artísticas, no aparecen músicos ni deportistas. Ese tipo de imágenes puedes encontrarlas en cualquier sitio. Mi trabajo me costeó el hobby hasta que el hobby se convirtió en mi trabajo.
Me di cuenta de que estaba en un tiempo y lugar propicios para adquirir una enorme cantidad de estas fotos. Estaban disponibles y su precio no era alto para el valor que tenían. Me refiero a que estaba atesorando obras maestras. Un escritor dijo que lo que yo hacía no era muy distinto a lo de algún coleccionista del siglo pasado que decidiera comprar pinturas impresionistas. Bueno, si puedes permitírtelo, ¿por qué no? Me gasté todo el dinero que tenía en adquirir un millón de fotos que no están en los museos. No son fotos artísticas, no aparecen músicos ni deportistas. Ese tipo de imágenes puedes encontrarlas en cualquier sitio. Mi trabajo me costeó el hobby hasta que el hobby se convirtió en mi trabajo.
- ¿Cuál es la clave de su colección?
Quiero imágenes de cosas de las que la gente ha oído hablar pero nunca ha visto. Tengo fotos de personas embreadas y emplumadas. Seguro que has oído hablar de esa práctica, pero, ¿la has visto alguna vez?
Quiero imágenes de cosas de las que la gente ha oído hablar pero nunca ha visto. Tengo fotos de personas embreadas y emplumadas. Seguro que has oído hablar de esa práctica, pero, ¿la has visto alguna vez?
- No.
No, no lo has hecho, y eso es lo que quiero en mis fotos. Conozco las cosas que pasan en todas partes, y sé por tanto lo inhabituales que son mis fotos.
Cuatro mil de las fotografías que conserva en su casa de Manhattan son de difuntos, una práctica conocida como fotografía post mortem, tradición que nació en la segunda mitad del siglo XIX entre la burguesía neoyorkina, la selva mexicana y las casas victorianas de Londres.
No, no lo has hecho, y eso es lo que quiero en mis fotos. Conozco las cosas que pasan en todas partes, y sé por tanto lo inhabituales que son mis fotos.
Cuatro mil de las fotografías que conserva en su casa de Manhattan son de difuntos, una práctica conocida como fotografía post mortem, tradición que nació en la segunda mitad del siglo XIX entre la burguesía neoyorkina, la selva mexicana y las casas victorianas de Londres.
El primer ejemplar de la colección de Burns lo encontró a principios de los años 70, reuniendo fotos médicas. En ella una madre sostenía a un bebe fallecido por sarampión. “Tenía un aura, una poética…, se notaba que era un recuerdo; nunca había visto nada parecido”, declaró en una entrevista del 2009 a El País Semanal.
Los memento mori datan desde la antigüedad convirtiéndose en una tradición que muere no sólo por la disminución de la mortalidad, especialmente infantil, sino porque también se abarató la fotografía y la gente dejó de esperar los funerales para pagarlas.
Según Burns, estas fotografías llegaron a ser más comunes que las de matrimonios o vacaciones. Además, el significado de la muerte cambió junto con el cambio de siglo. Burns cree que tanta gente de luto no era una buena propaganda, e incluso en Inglaterra se prohibió el duelo. La muerte pasó de la esfera pública a la vida privada, convirtiéndose en el tabú del siglo XX.
“Entonces la gente moría de un día para otro. Ahora la medicina extiende las enfermedades y morimos demacrados, una sombra de lo fuimos, un rostro que nadie quiere recordar”.
Desde el 2005, la ONG estadounidense “Now I lay me down to sleep” (Ahora me echo a dormir) revivió esta práctica como un tratamiento psicológico para ayudar a los padres a superar pérdidas perinatales, no natos o de recién nacidos, con sesiones gratuitas donde los padres posan con sus bebés recién muertos. Según el mismo Burns, el coleccionismo está muy extendido en gran parte por su culpa.



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